Nueva guía alimentaria de Trump: de qué trata, qué cambió y qué opinan los expertos
La nueva guía alimentaria de Trump impulsa un cambio radical en las recomendaciones dietéticas de EE.UU., priorizando proteínas, reduciendo ultraprocesados y generando debate entre expertos.
(Telemundo Atlanta) - La nueva guía alimentaria de Trump para Estados Unidos, publicada esta semana por el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) y el Departamento de Agricultura, propone un cambio significativo en cómo el gobierno federal aconseja a la población sobre alimentación saludable.
En lugar de la tradicional pirámide nutricional que colocaba granos y carbohidratos como base, la actualización 2025-2030 presenta una pirámide alimenticia invertida que pone en la cúspide alimentos ricos en proteínas, grasas saludables, frutas y vegetales, y relega los granos refinados al fondo.
Bajo el lema “eat real food” (“come comida real”), el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., afirmó que el país enfrenta una “emergencia nacional de salud” debido a la obesidad y las enfermedades crónicas relacionadas con la alimentación, y que esta guía marca una “reforma histórica” del enfoque nutricional estadounidense.
Principales cambios: más proteína, menos ultraprocesados
La guía alimentaria de Trump introduce varias recomendaciones novedosas:
- Incentiva un consumo mayor de proteínas de alta calidad, tanto de origen animal como vegetal, sugiriendo hasta 1.2-1.6 g de proteína por kilogramo de peso corporal al día, un incremento frente a las recomendaciones anteriores.
- Coloca frutas y verduras frescas como elementos centrales de cada comida.
- Pide reducir drásticamente la ingesta de alimentos ultraprocesados, azúcares añadidos y carbohidratos refinados, vinculándolos con la obesidad, la diabetes y otras enfermedades crónicas.
- Incluye recomendaciones más flexibles sobre grasas saludables y lácteos enteros, algo que difiere de políticas anteriores que limitaban estrictamente estos grupos.
- Cambia la forma de abordar el consumo de alcohol, optando por sugerir menor ingesta sin establecer límites rígidos como en versiones previas.
Estas modificaciones reflejan un enfoque más pragmático, centrado en alimentos enteros y menos en porcentajes de macronutrientes, y que podría influir en programas federales como almuerzos escolares y servicios de salud pública.
División entre expertos: elogios y críticas
La respuesta de los especialistas en salud y nutrición ha sido mixta. Por un lado, organizaciones como la American Medical Association han saludado el énfasis en reducir ultraprocesados y azúcares, afirmando que es un paso positivo hacia la prevención de enfermedades crónicas. Algunos expertos independientes ven con buenos ojos la claridad al priorizar alimentos naturales sobre productos industrializados.
Sin embargo, críticas vienen de nutricionistas que consideran que la promoción de dietas con altos niveles de proteína animal y grasas saturadas puede ser contradictoria con la evidencia que vincula estos componentes con riesgos cardiovasculares.
Además, un informe paralelo reveló que varios miembros del panel asesor tenían vínculos financieros con las industrias de la carne y los lácteos, lo que ha generado cuestionamientos sobre la influencia de intereses particulares en las recomendaciones.
Un cambio que impacta más allá de la nutrición
La nueva guía nutricional de Trump redefine las pautas básicas de alimentación para millones de estadounidenses y genera un debate profundo entre profesionales de la salud, consumidores y sectores productivos.
Para la comunidad latina en Estados Unidos, donde prevalecen desafíos como la diabetes y la obesidad, estos cambios podrían influir en políticas públicas, educación nutricional y decisiones familiares sobre la mesa.
Más allá de la controversia, la guía invita a una reflexión nacional sobre cómo alimentarnos en el futuro y qué significa realmente “comida saludable” en un contexto de diversidad cultural y alimentaria.
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